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Ezequías tomó las cartas de mano de los embajadores, y después de leerlas subió al templo del Señor y, extendiéndolas delante del Señor,
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oró en su presencia. Dijo:
«Señor y Dios de Israel, que habitas entre los querubines, a sólo tú eres el Dios de todos los reinos de la tierra. ¡Tú hiciste el cielo y la tierra!
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Inclina, Señor, tu oído, y escucha. Abre, Señor, tus ojos, y mira. Oye las palabras de Senaquerib, que ha mandado blasfemarte a ti, el Dios viviente.
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Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han destruido naciones y países,
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y que han lanzado al fuego a sus dioses; pero es que ellos no eran dioses, sino hechura humana de madera y de piedra. ¡Por eso los destruyeron!
19
Pero ahora, Señor y Dios nuestro, ¡sálvanos de su poder! Yo te lo ruego, para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, Señor, eres Dios.»