1 La palabra profética del Señor está en contra de la tierra de Jadrac y de Damasco. a Ciertamente, todas las tribus de Israel, y la humanidad entera, deben volver los ojos al Señor, 2 lo mismo que Jamat, vecina de Tiro y Sidón, b a pesar de su sabiduría. 3 Y aunque Tiro edificó una fortaleza para sí, y amontonó plata y oro como si amontonara el polvo o el lodo de las calles, 4 el Señor la despojará de sus riquezas, acabará con su poderío marítimo, y hará que el fuego la consuma.
5
Cuando Ascalón vea esto, se llenará de miedo, y Gaza sufrirá en gran manera, lo mismo que Ecrón, porque verá desvanecerse su esperanza. El rey de Gaza perecerá, y Ascalón se quedará deshabitada.
6
Asdod será habitada por extraños.
«Yo pondré fin a la soberbia de los filisteos: c
7
les quitaré la sangre de la boca, y de entre los dientes les arrancaré sus abominaciones.»
Pero quedará también un remanente para nuestro Dios, y en Judá ellos serán como capitanes, y los de Ecrón serán como los jebuseos.
8
«Entonces acamparé alrededor de mi casa para vigilarla, para que nadie entre ni salga, y nunca más habrá quien oprima a mi pueblo, porque esta vez yo mismo los estaré vigilando.»