1 No hay nada como ser sabio. No hay nada como saber explicarlo todo. La sabiduría ilumina el rostro del hombre y cambia su semblante hosco.
2
Te aconsejo cumplir con las órdenes del rey y con tu palabra jurada ante Dios.
3
No te retires de su presencia con premura. No insistas en contrariarlo, porque él hará lo que le plazca.
4
La palabra del rey es ley, y nadie puede cuestionarle nada.
5
El que cumple con sus órdenes no sufrirá ningún mal, y la mente del sabio discierne el mejor momento de cumplirlas,
6
pues todo proyecto tiene su momento para realizarlo.
Pero pesa sobre el hombre un gran problema,
7
y es que éste no sabe lo que va a pasar, ni cuándo pasará, ni hay tampoco nadie que se lo diga.
8
Nadie tiene poder sobre el espíritu, para retenerlo, ni tiene tampoco poder sobre la hora de la muerte. En esa guerra, las armas no sirven de nada, ni tampoco puede la maldad poner a salvo al malvado.
9
Todo esto lo he visto, y he dedicado mi corazón al estudio de todo lo que se hace bajo el sol. Hay momentos en que los unos dominan a los otros, para su propio mal.