20
La sabiduría clama en las calles,
y deja oír su voz por las plazas.
21
Clama en los principales puntos de encuentro;
a la entrada de la ciudad expone sus razones: c
22
«Ustedes, muchachos inexpertos y burlones,
¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza?
¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo?
¿Hasta cuándo aborrecerán el conocimiento?
23
¡Presten atención a mis reprensiones!
Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes,
y les daré a conocer mis argumentos.
24
»Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme;
les tendí la mano, y nadie me hizo caso;
25
al contrario, desecharon todos mis consejos
y no quisieron recibir mi reprensión.
26
Por eso, yo me burlaré de ustedes
cuando les sobrevenga la temida calamidad,
27
cuando la calamidad que tanto temen
les sobrevenga como un torbellino;
¡cuando les sobrevengan tribulaciones y angustias!
28
Entonces me llamarán, y no les responderé;
me buscarán de mañana, y no me hallarán.
29
Puesto que aborrecen la sabiduría,
y no optaron por temer al Señor
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ni quisieron seguir mis consejos,
sino que menospreciaron todas mis reprensiones,
31
comerán los frutos de sus andanzas
y se hartarán con sus propios consejos.
32
Los incautos mueren por sus propios desvíos;
a los necios los destruye su autosuficiencia.
33
Pero los que me oyen vivirán tranquilos,
sin sobresaltos ni temor de ningún mal.»